Crónicas de una residente de pediatría: lo que aprendí en mi primer congreso nacional
Hay momentos en la formación médica que te marcan. No por lo académico, sino por lo que te hacen sentir.
Mi primer Congreso Nacional de Pediatría fue uno de esos.
Después de meses de guardias, desvelos y esa sensación de vivir con el estetoscopio pegado al alma, llegar al congreso fue como respirar aire nuevo.
Por unos días, dejamos atrás el hospital, los turnos y las emergencias… y entramos en un mundo donde la pediatría se vive desde otro ángulo: el del intercambio, la actualización, la inspiración.
Exponer mis casos clínicos frente a pediatras que admiro fue un reto enorme — y una recompensa aún mayor. Sentí orgullo, nervios, y también esa chispa de “sí, estoy creciendo”.
Pero lo que más me hizo reflexionar fue descubrir de cerca la relación entre el médico y la industria farmacéutica.
Un terreno que en la universidad nadie nos enseña a recorrer, pero que está ahí, latiendo en el día a día profesional.
Entre conferencias y stands, entendí que no se trata solo de productos o patrocinadores.
Detrás hay equipos que impulsan investigación, generan oportunidades de formación, y muchas veces hacen posible que eventos como este existan.
También vi el otro lado: la necesidad de mantener el equilibrio, de no perder la esencia ética ni el juicio clínico, incluso cuando la industria ofrece brillo y recursos.
Me di cuenta de que no es un mundo al que debamos temer, sino comprender.
Saber comunicarnos con la industria —con criterio, con límites y con propósito— es parte de nuestro crecimiento como médicos modernos.
Porque la medicina de hoy también se construye con alianzas, y esas alianzas pueden ser sanas cuando hay respeto y claridad.
En resumen, este congreso no solo me enseñó nuevas pautas de tratamiento o protocolos.
Me recordó que la pediatría también se nutre de experiencias humanas, de conexiones y de aprendizajes fuera del hospital.
Y que, en medio de stands, charlas y máscaras, seguimos siendo los mismos:
jóvenes médicos intentando dejar una huella, con la ciencia en la cabeza y el corazón puesto en cada niño.
Por los momentos me despido, nos vemos en una próxima oportunidad con más aventuras nosocomiales.
Nota importante: todas las imágenes son de mi propiedad tomadas desde mi dispositivo móvil modelo IPhone 12 y editadas en la app de Remini.
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