La traviesa de Mailiú (Parte 1)
La traviesa de Mailiú (Parte 1)
Generada con Bing Image Creator
La muchacha estaba en su alcoba de paredes encortinadas, y terminaba de prepararse poniendo colorete en su rostro frente a una cómoda, cuando se escucharon unos golpecitos en la puerta a sus espaldas.
—¡Adelante! —exclamó entretenida.
El sonido de los goznes dominó en la estancia por unos instantes, a medida la puerta se abría lentamente, y en la entrada no demoró en mostrarse un hombre vestido con ropas de trabajo.
—Espero no haberla hecho esperar mucho, señorita.
Al ver la reacción de la chica, por como se paralizó sin voltearse cuando escuchó la voz grave del hombre, y por como después sus labios pintados se sonrieron poco a poco de forma pícara, podía pensarse que en algún momento había dudado de la llegada del individuo.
Por un momento los ojos de párpados cubiertos de sombra azulada se movieron como si no supieran donde posar la mirada, y más tarde la mano soltó la brocha del colorete para arreglar el cabello castaño recogido en un par de coletas.
—No, no, para nada, Lucio... es usted tan eficiente.
Por su parte, Lucio también se mostró un poco nervioso, como sin saber que hacer dado la señorita seguía dándole la espalda; desde luego, no se atrevió a entrar por completo en la habitación, y en lugar de eso se puso a recorrerla con la mirada.
En una parte estaba situada una cama de grandes dimensiones donde resaltaba una sobrecama de un pálido rosa y le pareció extraño estuviera un poco deshecha a esa hora.
—Me alegro de no haberla importunado, señorita, pero como ahora fue cuando vi la nota... —dijo a media voz tratando de relajarse.
Pero pronto sus ojos se concentraron más en la ocupante del recinto, porque la señorita se comportaba como si estuviera a solas todavía, y se dedicó a hacer poses más bien impropias como para comprobar cómo le sentaban sus ropas.
Lucio se puso a recordar como en la mañana había visto salir a la señora después de la liberación de los sirvientes por el fin de semana mientras observaba como se trasparentaban las redondeces de la chica con su short ajustado. No se había ido a casa a su vez porque debía hacerle algunos arreglos al coche del patrón y luego había descubierto la nota en su caja de herramientas. Pero de todos modos hubiera jurado que la señorita se había ido con su madre más temprano, si bien era obvio se había confundido, o tal vez la chica había vuelto a su alcoba después de comprobar que no era un día soleado.
Por eso mismo la habitación estaba un poco en penumbras a pesar de la ventana abierta, y eso una lámpara encendida iluminaba mejor la superficie de la cómoda, donde habían variados frascos de distintas formas, estuches de colores, y cajitas con accesorios y afeites.
La atmósfera del lugar también resultaba agradable, por una parte por la mencionada penumbra, y por otra por como estaba cargada de gratos olores de perfumes y de talcos, y por la presencia de su atractiva ocupante.
—No pasa nada, Lucio, por lo visto Francisca no te dio mi nota —musitó la chica con más familiaridad.
El empleado se estremeció como alcanzado por un corrientazo cuando la aterciopelada voz se manifestó de nuevo, y pareció un poco más nervioso cuando la señorita volvió de improviso la cabeza para mirarlo.
—¿Francisca? No, no me la dio, señorita, y como después la señora permitió el día libre a... —dijo levantando la vista del bien formado trasero, y se interrumpió de improviso como si algo lo sorprendiera.
En ese instante la señorita se volteó por completo, y su boca emitió una especie de risita juguetona.
—¿Qué pasa, Lucio? —murmuró la chica con una voz ligeramente más ronca por la emoción—. ¿No esperabas encontrarme?
Lucio miró con sorpresa como la punta de la lengua de la señorita recorría su labio superior en un gesto casi obsceno, como si éste se le hubiera resecado, y por su parte volvió a recorrer como ensimismado el cuerpo más bien menudo. Por varias veces más paseó la vista desde los ojos a la entrepierna de la muchacha y de vuelta, y después negó deprisa con expresión de estar más desconcertado.
—No, la verdad... no lo esperaba.
—Pero, ¿te gusta lo que ves, no? —preguntó la chica y lo miró por el rabillo de un ojo con la cabeza vuelta de lado.
El hombre seguía negando como sin poder reaccionar, y la señorita emitió otra vez su risita juguetona, y caminó con contoneo hasta la cama para sentarse en ella con las largas piernas cruzadas.
—Bueno, si no te gusta no tienes porque entrar, te veo algo confundido y no deseo obligarte a nada, pero si te gusta será mejor que pases y cierres la puerta, no sea se aparezca por ahí Mariana —murmuró la muchacha una vez más con voz melosa, mirando alternativamente a Lucio y como su dedo, cual un pincel, hacia en la sobrecama rosa unas figuritas imaginarias.
Lucio se mantuvo en silencio y la muchacha recorrió con la vista su cuerpo, como éste había hecho con el de ella hacía un rato; por su forma de mirar se notaba le gustaba mucho un hombre como ese a pesar de la diferencia de edad y su cabello entrecano.
—El problema es... —masculló Lucio, todavía indeciso.
El empleado miró como la chica levantaba una de sus manos también menudas para acallarlo y se balanceó en el mismo sitio.
—No tienes que preocuparte por nada, Lucio, como sabes mis padres no están y no sabrán de esto.
—Pero... pero... —murmuró Lucio y se volvió como para irse.
En cualquier caso, en vez de abandonar el lugar, sólo se asomó por la puerta para mirar a ambos lados del pasillo, y después se retiró un poco y la cerró con pestillo.
Continuará...
Leave La traviesa de Mailiú (Parte 1) to:
Read more #hive-179291 posts
Best Posts From lisbeth1984
We have not curated any of lisbeth1984's posts yet. But you can encourage our curation team to review posts by visiting them regularly and by referring other readers. Because we give priority to frequently read content.