"Extraer doce monedas del estómago de un perro o la justa reciprocidad" [Esp-Eng]
Saludos mis queridos amigos de , siempre es un placer inmenso estar aquí compartiendo reflexiones que nos invitan a pensar en el bienestar y en nuestro desarrollo personal. Hoy quiero traerles una historia que parece increíble, pero que ocurrió de verdad y nos deja mucho para meditar.
Hace muchos años, un profesor de cirugía veterinaria contó que había extraído doce monedas del estómago de un perro. Al principio, parecía exagerado, casi imposible de creer. Pero la práctica veterinaria está llena de sorpresas: perros y gatos que ingieren objetos extraños, desde chupetes y canicas hasta semillas de mango o paños de cocina. Y no solo ellos, también animales silvestres han pasado por situaciones similares.
El doctor Walfrido López González, médico veterinario que durante años llevó la encomiable sección “Con mi veterinario” en la revista cubana Bohemia, escribió sobre estos temas y relató casos sorprendentes. Entre ellos, mencionaba cómo un colega se enfrentó a la extracción de objetos insólitos de animales, desde monedas hasta latas de cerveza en un cocodrilo. Historias que parecen sacadas de la imaginación, pero que son parte de la vida cotidiana de quienes dedican su esfuerzo al cuidado de los animales.
Un caso que recorrió el mundo fue el de la tortuga marina Omsin, conocida como “Bank” o “Alcancía”, en Tailandia. Vivía en un estanque donde los turistas lanzaban monedas creyendo que les traería suerte. Lo que parecía un gesto inocente terminó siendo una carga mortal: la tortuga acumuló 915 monedas en su estómago, más de 5 kilos de metal. Su caparazón se rajó, se infectó y su vida estuvo en peligro. Fue sometida a una cirugía de cuatro horas en la Universidad de Chulalongkorn, donde los veterinarios lograron extraer las monedas y reparar su concha con silicona. Aunque inicialmente se recuperó, semanas después murió por complicaciones intestinales.
Estas historias nos conmueven y nos hacen pensar en la responsabilidad humana. Los animales no tienen la capacidad de discernir lo que ingieren, pero nosotros sí tenemos la capacidad de evitarles sufrimiento. Y aquí entra la idea de la justa reciprocidad: ellos nos regalan compañía, alegría, equilibrio emocional y hasta salud física. Nosotros, en correspondencia, debemos darles cuidado, respeto y protección.
La labor de los veterinarios merece un elogio enorme. Son héroes silenciosos que salvan vidas, que enfrentan lo inesperado y que nos recuerdan que cada ser vivo merece atención y dignidad. Pero también las comunidades juegan un papel fundamental: refugios, asociaciones y personas que dedican tiempo y recursos a los animales callejeros o silvestres.
El perro, dicen, es el mejor amigo del hombre. Pero junto a él están todos los animales que conviven con nosotros en esta tierra. Reconocer sus derechos, protegerlos y brindarles un ambiente favorable no es solo un deber legal o moral, es también parte de nuestro crecimiento personal. Porque cuando cuidamos de los más vulnerables, crecemos en empatía, en humanidad y en bienestar.
Incluso en la cultura popular, como en las historias del Doctor Dolittle, que muchos conocimos en forma de dibujo animado, se nos recuerda esa hermosa acción de hablar con los animales, de entenderlos y protegerlos. Aunque no podamos conversar con ellos en palabras, sí lo hacemos con nuestras acciones.
Por eso hoy quiero dejarles esta reflexión: cada moneda que lanzamos sin pensar, cada gesto descuidado, puede convertirse en sufrimiento para un ser que siente y que confía en nosotros. La reciprocidad no es solo un concepto bonito, es una práctica diaria que nos invita a ser mejores.
Gracias por leerme, amigos de . Espero que este aporte sea del agrado de todos y que motive el diálogo en nuestra comunidad. Porque hablar de los animales es también hablar de nosotros mismos, de cómo queremos crecer y de qué mundo queremos construir.
Cuidar a los animales es cuidar nuestra propia humanidad.
"Extracting twelve coins from a dog’s stomach or the fair reciprocity"
Greetings, my dear friends from . It’s always such a joy to be here, sharing reflections that invite us to think about well-being and our personal growth. Today I want to bring you a story that sounds unbelievable, but it really happened and leaves us with much to reflect on.
Many years ago, a professor of veterinary surgery told how he had removed twelve coins from a dog’s stomach. At first, it sounded exaggerated, almost impossible to believe. But veterinary practice is full of surprises: dogs and cats swallowing all sorts of objects, from pacifiers and marbles to mango seeds or kitchen cloths. And not only pets—wild animals too have gone through similar situations.
Dr. Walfrido López González, a veterinarian who for years wrote the admirable section “Con mi veterinario” (With my veterinarian) in the Cuban magazine Bohemia, shared stories like these. He recalled cases where colleagues had to remove the most unexpected things from animals, from coins to beer cans inside a crocodile. Tales that sound like fiction, but are part of the everyday reality of those who dedicate their lives to caring for animals.
One case that made headlines worldwide was that of the sea turtle Omsin, also known as “Bank” or “Piggy Bank,” in Thailand. She lived in a pond where tourists tossed coins, believing it would bring them luck. What seemed like a harmless gesture turned into a deadly burden: the turtle had swallowed 915 coins, weighing more than 5 kilos of metal. Her shell cracked, became infected, and her life was at risk. She underwent a four-hour surgery at Chulalongkorn University, where veterinarians managed to remove the coins and repair her shell with silicone. Although she initially recovered, weeks later she died from intestinal complications.
Stories like these move us and make us think about human responsibility. Animals don’t have the ability to discern what they swallow, but we do have the ability to prevent their suffering. And here comes the idea of fair reciprocity: they give us companionship, joy, emotional balance, even physical health. In return, we must give them care, respect, and protection.
The work of veterinarians deserves enormous praise. They are silent heroes who save lives, face the unexpected, and remind us that every living being deserves attention and dignity. Communities also play a key role: shelters, associations, and people who dedicate time and resources to stray or wild animals.
The dog, they say, is man’s best friend. But alongside dogs are all the animals that share this earth with us. Recognizing their rights, protecting them, and giving them a safe environment is not only a legal or moral duty—it’s also part of our personal growth. Because when we care for the most vulnerable, we grow in empathy, in humanity, and in well-being.
Even in popular culture, like the stories of Doctor Dolittle, which many of us knew as a cartoon, we are reminded of that beautiful idea of talking to animals, of understanding them and protecting them. And while we can’t speak to them in words, we do speak through our actions.
So today I want to leave you with this thought: every coin tossed without thinking, every careless gesture, can turn into suffering for a being that feels and trusts us. Reciprocity is not just a nice concept—it’s a daily practice that invites us to be better.
Thank you for reading, dear friends of . I hope this reflection is well received and sparks dialogue in our community. Because talking about animals is also talking about ourselves, about how we want to grow and what kind of world we want to build.
Caring for animals is caring for our own humanity.
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