La pelea del siglo|Narrativa [ES] (Primera Parte)
(Imagen de apoyo creada con Gemini AI)
El estadio central de Gao Rear de Salsipueés, el “Memorial Benancio la Mula”, estaba lleno a reventar. La gigantesca estructura de madera, cartón y laticas contrachapadas se tambaleaba de un lado a otro, movida tanto por la por la fuerza de la marea humana como por los gritos e insultos que esta lanzaba al viento. De vez en cuando, algún que otro desventurado caía, estampándose contra el suelo del exterior del estadio, donde las feroces turbas que lo rodeaban procedían a devorarlos enteros.
El interior de la arena, por su parte, no era muy distinto del exterior. En sus gradas, coronadas por lanzas llenas de cabezas cortadas, la turbamulta de gente sentada casi una encima de la otra estaba dividida en dos bandos bastante visibles (mayormente por el tono del churre que por sus harapientas ropas), quienes se lanzaban desde bolas de papel hasta cartuchos de dinamita con pedazos de machetes oxidados a manera de metralla.
En eso, través de una maltratada multitud de bocinas de factura yusania, ubicadas en el único sitio donde no había gente, la voz de Gumersindo Ramírez Okula, alias “La Bocúa”, salía con un montón de interferencia, golpes y chirridos, todo producto del deficiente trabajo de los electromagos reales.
— ¡Beeenvení´os sean todos, señoras, señores, niños, monstruos y mutantes, al enfrentamiento del año del cartel boxístico de Alariawanawa Abajoooo!
La multitud aulla, aún más frenética, arrojando latas de refresco, cucuruchos de maní y paquetes de café llenos de piedras en todas direcciones, de preferencia al escenario. De este, subiendo por medio de un mecanismo que había visto mejores días, aparece el cuadrilátero: una lona churrosa, rodeada por cuatro postes que sostienen gruesos cables de acero envueltos en alambres de púas.
Comentarista: Esperado desde la última bronca en el Bajareque Original durante los ritos a Ñam'Burruto, este enfrentamiento de campeones de peso pesado va a ser la culminación de todo un año echándose brujería, pintándose elegguás en las puertas y saboteándose las máquinas de correr mutuamente de los finalistas. Este será el día en que todo se decida, señoras u señores! ¡Se los digo en serio! ¡El tope de hoy va a ser la cosa más grande, sangrienta y tramposa desde que el dopping se hiciera legal en el 86! ¡Va a haber sangre!
La gente, como una sola, gritó :
SÍ
— ¡Va a haber tripas!
SÍ
—¡Va ha haber sudor!
SÍ
Comentarista: ¡Asiiii queeee...traigan la jabita de los mandados pa' recoger lo que sobre, que esto va a ser UNA MASACRE!
La multitud grita, enloquecida, agitando jabitas, sacos y mochilas. Algunos guardias de palacio se meten a detener a la turba, aunque sin demasiado éxito. Dos de ellos incluso desaparecen por un momento... para reaparecer convertidos en montones de huesos metidos en sus armaduras de latón corrugado.
Comentarista: ¡Y aaaaquí llegan los contendientes!
Se escuchan por todo el estadio sonidos de tambor, proveniente de inmensos tanques parchados usados como tal, y en ambos extremos del coliseo se abren grandes puerta. Amarrados con cadenas gordísimas, dos mastodontes humanos de piel color chapapote salen, babeando y tratando de reventar a golpes a sus acarreadores, quienes se esfuerzan por empujarlos al ring usando lanzas y picanas eléctricas. Llevaban puesto sólo unos pequeños taparrabos... si se descontaba la cantidad de collares, trabajos de santería, tatuajes y cabezas disecadas que tenían por todo el cuerpo formando una gruesa armadura. Caminaban sobre zapatillas NkestuvieraLoko del 89, cuyos tacos literalmente eran ventosas para destupir cañerías. Uno de ellos incluso tenía un brazo mecánico injertado en el costado izquierdo, por si no bastaran sus largas, nervudas y mamastróficas extremidades naturales.
—En la esquina roja, de Matawanes del Jiquí...¡Chichoooo la Mandaaarria!
Al oír su nombre, el más oscuro de los pugilistas se detiene...y comienza a saludar y a tirar besos a la multitud con una actitud apajarada, en nada consonante con la ferocidad mostrada al llegar. Incluso flexionó los brazos, deformes y parecidos a sacos llenos de cocos por la cantidad de esteroides y manteca de maní que de seguro tenía metidos en ellos.
—Pesando cuatrocientos kilos, con mil doscientos reclusos de potencia, un brazo mutante retráctil y por lo menos cuatro muertoscuros de neopalerismo arriba, la promesa de extramuros ha venido esta temporada asesinando sin piedad a la competencia, señoras y señores: ¡nada menos que cuatro infartaos, dos K.O. por cabeza reventada, tres ensatanaos y doce victorias por alergia la cascarilla caducada. ¡Un aplauso, que se oiga!
El público, obedeciendo, lanzó una atronadora salva de aplausos. Varios de los espectadores cayeron al suelo, con los oídos sangrándoles por la presión del aplauso.
— Y en la esquina azuuul, de Gao Rear de Salsipueeeeeeeeés...¡Manolooo Patáemulaaaaaaa!
El mastodonte más claro, el del brazo mecánico, se detuvo también ante el anuncio...pero en su lugar lanzó un rugido tan potente que por un momento el estadio se quedó en silencio. Golpeando su pecho como un tambor y gritando como Tarzán, el “boxeador” local mostró también su cuerpo, tan inflado por el dopaje que la gente parecía preguntarse por qué no estallaba.
— Errr...pesando quinientos kilos, con un contrato con un par de Dioses Exteriores y su alma vendida unas sesenta veces al Diablo de la Cascada, este destructor planetario ha demostrado que con él no valen ni todas las trampas que uno intente. ¡Ha ganado todas sus peleas por knock-out, señoras y señores! La promesa de extramuros está bien muerta, si me piden mi opinión.
Ambos equipos lograron llevar a sus púgiles al interior del cuadrilátero, apelando a todas sus fuerzas, aunque tuvieron que llevarse a unos cuantos por lesiones en los brazos. Saliendo de las puertas de acceso, aparecieron entonces las estrellas del show. Se trataba de Urfaldo La Caraira, el neopalero más prestigioso de todo el oeste de Alariawanawa, que venía apoyando a Chicho... y Remisigildo Gorrieta, el Alto Sacerdote del Culto de Cthulu Redivivo (y un par de cultos satánicos más), quien era el coach de Manolo.
―¡Liberen las restricciones, comep**gas!―gritó Urfaldo, empezando a dibujar con tiza hecha de ceniza de cráneos toda clase de signos propiciatorios para atraer a sus muertos al ring.
Por su lado, Remisgildo se echaba sobre la cabeza un chal tejido con cabello humano y bebía una mezcla que hizo que sus ojos se pusieran morados y le salieran llamas.
A los boxeadores les trajeron entonces sus guantes...que no eran más que los acostumbrados rollos de cadenas tachonadas de clavos, tuberías, estacas y signos brillantes de los que salían cánticos en lengua negra de Mordor. Estas fueron envueltas alrededor de las manos de los púgiles, previamente inmovilizados por expertos cuatreros de la zona. Al fin, en cuanto estuvieron listos, se les dejó sueltos en el cuadrilátero, amarrados sólo con una cadena cada uno a sus collares. El árbitro, que por su atuendo parecía una especie de ninja rayado, descendió a la lona, mirando a ambos contendientes, que asintieron y mostraron la colección de muelas careadas y colmillos que era sus dentaduras.
Comentarista: Y ahí llega nuestra hermosa portapancartas, Daniela “La Cantimpora”, anunciando el inicio del primer round, el que…
De no haber caído por una trampilla, la desnuda y exuberante mujer habría sido hecha trizas con su exagerada pancarta y todo por los boxeadores, que comenzaron a darse potentes sopapos a toda máquina.
(CONTINUARÁ)
Segunda parte:
@maldonbensen/la-pelea-del-siglo-or-57ac7dd870e99
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