Cantante de las Montañas, una historia sobre Tay.
Imagina lo que es pasar los días sin destacar, en el sentido de que nadie te nota, eres casi invisible para los demás. Para muchos esto es una bendición porque no les gusta llamar demasiado la atención, pero para otros puede ser frustrante porque les gustaría ir más allá y se esfuerzan por ser notados o que se reconozcan sus habilidades. Tay es uno de esos chicos que no destacaba mucho entre la multitud. No porque le faltara talento, ojo, sino porque siempre estaba ocupado y no podía dedicar tiempo a sus otras cualidades. Su cualidad es que sabe cantar muy bien y tiene una personalidad que enamora, algo que transmite en sus canciones. Prefiere las canciones de amor; no le gustan otros géneros que son más para otro tipo de público.
Tay es de Escocia, nació en una pequeña casa en las montañas, cerca de verdes prados. Sus padres eran granjeros y creció cuidando las vacas y las gallinas. También ayudaba mucho a su padre sembrando y cultivando zanahorias y lechugas. Más tarde, al crecer, no siguió el negocio familiar, o al menos no del todo. Sus padres eran agricultores, pero a él no le gustaba mucho esa vida; prefería la vida en la ciudad. Por eso, en cuanto ahorró lo suficiente, se mudó al pueblo más cercano. Sin embargo, no abandonó el negocio familiar por completo. Ahora, en lugar de sembrar o cuidar animales, los vendía. Abrió un puesto en el mercado del pueblo. En él vendía fruta fresca y carne. Ambos productos provenían de la granja de sus padres.
De esta manera, era como si contribuyera al negocio familiar. Sus padres estaban orgullosos de él porque, gracias a ese puesto en el pueblo, podían vender casi todos sus productos. Al principio, cuando dejó la granja, se enfadaron con él porque les parecía una tontería abandonar el negocio familiar ya establecido para ir a buscar aventuras a la ciudad. Pero ahora se daban cuenta de que, después de todo, siempre había tenido razón. Sin embargo, mudarse a la ciudad no fue tan idílico como le habían contado sus amigos. No es fácil vivir solo en una ciudad desconocida donde no conoces a nadie, y menos aún sabiendo que tienes una familia que te quiere. Solo quien realmente busca oportunidades puede hacerlo.
Al principio, Tay pensó que su aventura con el puesto de verduras sería rápida. No se había mudado al pueblo solo para vender cosas toda la vida. Lo hizo porque quería superarse y tal vez convertirse en cantante algún día; ese era su sueño. Pero soñar es fácil, lo difícil es hacerlo realidad. Por eso tuvo que abrir el puesto, para ganar dinero y poco a poco mejorar su vida y, algún día, comenzar su carrera como cantante. El problema era el tiempo; trabajar en el mercado le consumía mucho tiempo. Solo descansaba los domingos, porque el mercado no abría, pero trabajaba hasta ese día.
La granja de su padre ahora dependía por completo de este puesto, porque en la zona donde estaba ubicado ya nadie compraba nada, así que tuvieron que trasladarlo a la ciudad. Este problema surgió porque en la zona donde se ubicaba la granja también había otras granjas nuevas a su alrededor, y estas a menudo competían bajando los precios. Por lo tanto, era más sensato vender fuera. Pero al final fue Tay quien se hizo cargo de todo el trabajo; lo hizo con gusto, pero esto le limitó mucho a la hora de encontrar su propio terreno, que era lo que inicialmente buscaba.
Habían pasado unos cinco años desde que se mudó de la granja a la ciudad. En todo este tiempo, no había cambiado mucho desde su llegada. Lo único positivo había ocurrido cuando conoció a Jusi, una camarera del pueblo. Se enamoraron y terminaron casándose. Luego tuvieron a Pedrito, su único hijo. Todo iba bien en este aspecto, pero su principal objetivo aún no se había cumplido. Ahora, con la familia, tenía más responsabilidades y, por consiguiente, menos tiempo. Así que esa loca idea que una vez tuvo de estudiar música o canto pudo descartarla. En cuanto al puesto de verduras, lo amplió y ahora él y su esposa trabajaban allí. Y en el futuro, Pedrito también se uniría a ellos. ¿Quién lo hubiera imaginado? Había dejado un negocio familiar para empezar otro.
Para llegar al puesto de verduras, tenía que recorrer unos 32 kilómetros. Tay aún no tenía coche, así que tomaba el autobús. Día tras día, tenía que tomarlo. Algunos días iba sentado y otros de pie, con la axila de otro hombre casi rozándole la nariz, pero bueno, era trabajo, ¿qué podía hacer? Pero en uno de esos viajes encontró la manera de revivir su sueño, uno que llevaba años acumulando polvo.
Resulta que un día por fin pudo sentarse en el autobús, y una señora se sentó a su lado. La señora llevaba un bebé en brazos. El niño no paraba de llorar, y tenía a todos en el autobús con los pelos de punta. Tay ya tenía experiencia cuidando niños porque tenía a Pedrito. Así que le dijo a la señora que la mejor manera de calmar a un niño que llora es cantarle una nana. Con su permiso, empezó a cantarle una nana. El niño se durmió enseguida, como por arte de magia. Hasta ahí todo bien, pero cuando Tay levantó la cabeza vio que todos lo miraban. Y empezaron a aplaudirle. Se sintió avergonzado, porque en ese momento no quería llamar la atención, pero ocurrió todo lo contrario.
Muchos le dijeron que tenía futuro como cantante y que sería bueno que se dedicara a ello. Se le encendió la bombilla otra vez. Parece que las cabezas están de moda hoy en día. XD. No sabía que tenía la oportunidad de cantar desde que llegó a la ciudad. Podía cantar en el autobús todas las mañanas. Así ganaba un dinero extra y algún día podría dedicarse a ello a tiempo completo. Cuando llegó a casa ese día, les contó a su familia su experiencia; a todos les hizo gracia la noticia. Su esposa le dijo que le parecía bien, que debía perseguir sus sueños.
A la mañana siguiente comenzó su nueva carrera. Ahora todos los días cantaba en el autobús camino al trabajo. Esto le permitiría ganar propinas y hacerse un nombre. Puede que este no haya sido su sueño de ser un cantante romántico de alto perfil, pero al menos fue un comienzo. Lo importante es que ahora había encontrado la oportunidad de hacer realidad su objetivo. A veces sólo tienes que mirar a tu alrededor y verás que lo que creías imposible estaba ahí, lo que no buscabas. Tay encontró atención, mucha atención. Todos los días conocía gente nueva y muchos estaban dispuestos a darle una propina. Con esfuerzo y desparpajo emprendió una vez más la persecución de su sueño.
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