[ESP/ENG]. Échame el cuento /La última locura antes de hacernos mayores
Lo más loco que he hecho por un amigo ocurrió una noche que todavía recuerdo con una mezcla de risa, vergüenza y un nudo suave en el pecho. Fue hace muchos años, cuando creíamos que la vida era infinita y que la madrugada era un territorio que nos pertenecía.
Mi amigo Arsenio —dramático por naturaleza, nostálgico por vocación y cómico sin proponérselo— apareció en mi casa con los ojos húmedos y un discurso que parecía sacado de una telenovela.
—Hermano, necesito tu ayuda. Si no lo hago hoy, me voy a arrepentir toda la vida.
Yo pensé que se trataba de algo grave. Una enfermedad, una deuda, un secreto peligroso. Pero no. Arsenio quería recuperar un cassette viejo —sí, un cassette— que había dejado en casa de su primer amor. Según él, ese cassette contenía “la banda sonora de su juventud”, grabada con canciones que ya ni existían en ninguna parte.
El problema era que la casa pertenecía ahora a la tía de la exnovia, una señora que tenía fama de dormir ligero y gritar fuerte.
—No puedo perder ese cassette —me dijo—. Es lo único que me queda de cuando todavía creíamos que todo era posible.
Y ahí, amigos míos, entró la nostalgia. Esa que te agarra por el cuello y te convence de que vale la pena hacer tonterías por recuperar un pedazo de lo que fuiste.
Fuimos. A medianoche. Con un plan tan absurdo que daba risa: entrar por el patio, cruzar la cocina sin hacer ruido y buscar el cassette en una caja azul que Arsenio recordaba “con absoluta precisión”, aunque su memoria siempre fue un desastre.
El drama empezó cuando el perro —que según mi amigo “era chiquito y viejo”— resultó ser enorme y muy despierto. La comedia vino cuando Arsenio, en un acto de valentía dudosa, intentó calmarlo cantándole una de las canciones del cassette.
Y la nostalgia… la nostalgia llegó cuando, milagrosamente, encontramos la caja azul. Y dentro, el cassette. Polvoriento, torcido, pero vivo.
Salimos corriendo como dos adolescentes tardíos, riéndonos, jadeando, sintiendo que habíamos recuperado algo más que un objeto.
Esa noche entendí que la locura, cuando nace del cariño, tiene un brillo especial. Y que a veces uno hace cosas ridículas no por el pasado, sino por el amigo que todavía cree en él.
Invito a participar a mis amigos @ericvancewalton,
@frannyon y a
@palabras1.
Nota: Las imágenes son de mi propiedad.
El traductor utilizado fue el DeepL Translate.
ENGLISH
The craziest thing I've ever done for a friend happened one night that I still remember with a mixture of laughter, embarrassment, and a soft knot in my chest. It was many years ago, when we believed that life was infinite and that the dawn was a territory that belonged to us.
My friend Arsenio – dramatic by nature, nostalgic by vocation and comical without intending to – appeared at my house with moist eyes and a speech that seemed to be taken from a soap opera.
"Brother, I need your help. If I don't do it today, I'm going to regret it for the rest of my life.
I thought it was something serious. An illness, a debt, a dangerous secret. But no. Arsenio wanted to recover an old cassette —yes, a cassette— that he had left at his first love's house. According to him, that cassette contained "the soundtrack of his youth", recorded with songs that no longer existed anywhere.
The problem was that the house now belonged to the ex-girlfriend's aunt, a lady who had a reputation for sleeping light and screaming loudly.
"I can't lose that cassette," he told me. It's the only thing I have left from when we still believed that everything was possible.
And there, my friends, nostalgia came in. The one that grabs you by the neck and convinces you that it's worth doing stupid things to recover a piece of what you were.
We went. At midnight. With a plan so absurd that it was laughable: enter through the patio, cross the kitchen without making a sound and look for the cassette in a blue box that Arsenio remembered "with absolute precision", although his memory was always a disaster.
The drama began when the dog—which my friend said was "small and old"—turned out to be huge and wide awake. The comedy came when Arsenio, in an act of dubious bravery, tried to calm him down by singing one of the songs on the cassette.
And nostalgia... Nostalgia came when, miraculously, we found the blue box. And inside, the cassette. Dusty, crooked, but alive.
We ran away like two late teenagers, laughing, panting, feeling like we had retrieved more than just an object.
That night I understood that madness, when born of affection, has a special shine. And that sometimes one does ridiculous things not because of the past, but because of the friend who still believes in it.
I invite my friends @ericvancewalton,
@frannyon and
@palabras1 to participate.
Note: The images are my property.
The translator used was wl DeepL Translate.
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